28 feb 2012

Todos quieren Ray Ban

Un hecho curioso: en noviembre del 2011 estaba caminando por Dorrego al 1700, en la ciudad de Buenos Aires. De repente llegó la nube negra con una lluvia desenfrenada, y no te miento, empezaron a caer anteojos Ray Ban del cielo. Rápido me metí en el bar de la esquina de la calle Cabrera. En un momento me imaginé que pequeñas naves espaciales los arrojaban desde el espacio, pero no creo, se trataría de una inversión irrisoria para una óptica con semejante reconocimiento internacional.

Ilusa de mí que pensaba a la lluvia como fenómeno climático de agua, de cenizas, de granizo o de sapos.


A los pocos días, tampoco te miento, estaba en el ferrocarril Mitre yendo hacia Retiro, y todos los viajantes tenían anteojos Ray Ban. Todos. Eran como el agente Smith archi-clonado. Me sentí como en la matrix, acorralada por entidades programadas. Podría haber pasado desapercibida si hubiera tenido puestos los míos, bah, los de mi tía, digamos que una vez los tomé prestado, modelo 1980 comprado en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). ¿Comprado? Mmm ¿Habrá habido alguna lluvia de Ray Ban en la ciudad boliviana?
Lluvia de sapos en la peli Magnolia.

23 feb 2012

Apología a la incomodidad de la mujer

Parque Nacional Talampaya
Por fin Adultita decidió realizar el viaje que tanto deseaba. Sola, mejor dicho, con el grupo de personas que contrataron el mismo destino para la misma fecha. El Valle de la Luna en la provincia de San Juan siempre fue su sueño, en el día y en la noche de luna llena, ambas excursiones programadas con calendario en mano, ja, el Calafate un poroto, y de paso, Talampaya, unos días después, descanso en la zona del Valle del rio Atuel en Mendoza, condimentado con algún que otro deporte acuático.
A la pirinola, sola, ya estaba podrida de andar sola en los últimos tiempos, este viaje tenía que cambiar su suerte. Y ese clóset (¡suena lindo clóset eh!), por favor, tenía más de oficina episcopal que de turismo de aventura. ¿Trekking con camisa blanca, pantalón y blazer azul? Imposible. Sola. Faltaban dos días para el viaje. Urgente de compras, al lugar más cercano, ya. Salió de la estación Acoyte del subte de la línea A, caminó unos metros, se paró frente a la vidriera de un local, quedó encantada, la gigantografía era una señal, un mensaje, no podía ser tan acertada. Ese local la llamó a gritos: vení Adultita, vení para acá, no dudes, así es como debes lucir. Entró.

Hola que tal, quiero la ropa como la de la foto de la vidriera, parece fresca, ¿no? Donde voy es como ahí, hace mucho calor, tengo que llevar prendas de telas livianas. Ah, acá no hay ropa ¿Y dónde? Enfrente, perfecto. Entonces, el bolso grande y los zapatos, quiero ese par en marrón y ese otro en negro, sí, como el de la foto.
………

Valle de la Luna, 38 de sensación térmica. El paisaje es maravilloso, ocre, árido, algún viento, se parece al de la gigantografía. Caminata con el grupo, bah, Adultita hace lo posible por caminar con el grupo, ellos van más rápido, no los logra alcanzar, quiere, pero no puede. Risitas entrecortadas, un comentario que no alcanza a escuchar: no le caminan todos los patitos en fila.
………

Buenos Aires. Sola. Podría decir: y bueno, que querés, todo puede pasar en la vida del Señor, la chica se salió de sí, quizá la falta de turismo de aventura, de tv, de revista, no sé, tal vez los del grupo tenían razón con eso de los patitos desorganizados. No. Apoyo a esta Adultita. ¿Qué es eso de mostrar mujeres en tacos trepando por unas ramas que casi tocan el mar? ¿Taco aguja en una playa? Me sacó la gráfica de la chica en bikini en un glaciar. Y lo peor, esqueléticas, pobrecitas, no pueden caminar y encima se cagan de hambre. Basta de esta apología a la vida incómoda de la mujer. Ponete las pilas publicista argentino, hacé unas fotitos de una Tara Lynn nacional con vestido negro y sandalias animal print comiendo un helado de mascarpone. ¿Te va?

Flaquita en zancos por las rocas. ¡Garronazo!
Tara Lynn le hace pito catalán a la flaquita de arriba.

20 feb 2012

El problema del “me”

¿Viste esas personas que cuando te piden que hagas algo que no es para ellas, lo hacen como si fuera para ellas? Sí, insoportables, a eso yo lo llamo el problema del “me”.
Una ex compañera de algún viejo trabajo, Mora, le dice a Adultita: hacéme la nota así, con el interlineado en sencillo, tenés que seleccionar el texto, hacés click con el botón izquierdo del mouse, vas a párrafo, así, ¿ves que fácil? Hacémela para en 15. Adultita disimula, pero ya no se la banca. Esta vez, su Angelito Negador se hace el gil, entonces, aparece con todo, el Angelito Frontal, Adultita reacciona, “le” hace la notita y la llama: Mora, acá está la nota que te hice, bah no, que hice para nuestro jefe, es decir, todo lo que me pedís que haga para vos, no es para vos, es para él ¿qué problema tenés, estimada Mora, que todo lo que pedís lo hacés como si fuera para vos? Yo creo que deberías repensar qué querés que te hagan a vos. Digo, tal vez deberías estudiar, o adquirir algún oficio o profesión, y llegar a la categoría de jefe para que personas como vos y yo puedan hacerte las cosas ¿no? Si me dijeras que sos la dueña de Rodolfo (el kiosco de la esquina) y yo soy tu empleada, okey, pedime con "me" todo lo que quieras y en todas las entonaciones posibles, abriendo la boca de a poco, haciendo que la “e” tarde en salir, o imitando a una oveja “mee meee meee”, y me lo remarcás en la cara hasta el hartazgo como diciéndome “Por el poder de Greiscol, ya tengo el poder”, mirá que me convierto en Skeletor y sonamos. Por ende, por favor, desde ahora, suprimí el “me” cuando te dirijas a mi persona, gracias.

Como era de esperar, Mora quedó bastante ofuscada, pobre, evitó pronunciar el “me” por unos días. Pero la situación comenzó a tornarse incómoda, ya casi no se hablaban, así que, nuestra heroína decidió tomar la posta otra vez:

A: Mora, disculpame por mi reacción del otro día, me puse un poco filosa, no sé por qué, andaba en un mal día seguramente, podés decirme todos los “me” que se te antojen.
M: ¿Si? Me pone contenta lo que decís, extrañaba la normalidad.

¿Normalidad? ¿Qué quiso decir? Enseguida Mora le dijo: Ay, plis, necesitamos algo urgente, que vayas hasta Reconquista a buscar un pebete completo con un agua gasificada, hace 10 que hicimos el pedido.

¡Eh! “Necesitamos”,  “hicimos”, ¡nena!  ¿te chifla? ¡Vos no necesitás nada urgente y vos hiciste el pedido porque te lo pidió tu jefe! Mora, sufre “delirio de jefe”, si antes jugaba a ser la jefa con sus “me” inauditos, ahora jugaba a ser la jefa mayor, la socia, la esposa, la que sé yo cuanto. Sí, Mora jugaba como una niña, y se lo creía en serio. En cambio, pobre Adultita, aquella vez no pudo jugar a nada, fue una época turbia en su vida en la que se insertó en la furibunda realidad de las relaciones jerárquicas laborales. Lo peor fue la humillación oficinesca, de muy baja originalidad, anduvo circulando un mail algo macabro, y entonces Adultita fue tildada de “noco” (ni siquiera de “malco”).

En su nuevo trabajo, su suerte no cambió, nueva compañera, nueva “delirio de jefe”. Esta vez, con un poco de sabiduría (Adultita andaba paseando por el barrio chino los fines de semana, haciéndose masajes en lo de un chino de la calle Mendoza), decidió jugar a ser jefa, ama y esclava: adornó su escritorio con el gatito de la suerte y con un cartel dibujado a mano que decía en chino mandarín: “A vos no te hago nada, pelotuda”.