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5 mar 2012

Bendito pañal

Los padres de la beba iban a salir. ¿Con quién dejarla? Sin dudarlo, con la mejor de las adultitas, Grace.

Ellos salieron, fueron a cenar, luego al cine, quizá, tal vez, a un lugar donde recuperar un poco la intimidad socavada por la cotidianeidad bebunesca.

La beba y Grace: la primera era una persona un tanto arisca, de esas que solo quieren los brazos de los padres, y que no se atreva nadie a tocarle un cachete porque pega un grito. Una clase de bebé, que a mi gusto, no me agrada. Uno, que intenta hacerles fiesta, termina espantándose con un alarido rompetímpanos. La segunda, una joven mujer de esas que Oliverio Girondo reconocería como “etéreas” y que, seguramente no es una casualidad, era una de las pocas personas que podía cuidar, tener en upa y hacer reir a esa bebita mamenga.

Esa noche la pasaron bomba. Todos. Bueno, casi, Grace tuvo un pequeño altercado con la bebé, nada grave, solo que cada vez que intentaba ponerle el pañal la nenita se le daba vuelta para un lado y para el otro, logrando ponerla nerviosa. Al fin, con un poco de risas, pudo hacerla dormir en su cuna. Le dio unos besos en sus cachetes y la tapó bien porque eran épocas de frio.

Hoy no sabemos si la beba arisca es una mujer etérea, pero aquella noche en que durmió bien tapadita, tuvo un sueño en que saltaba por las nubes, rebotando de una a otra, entre los brazos de una nube-mamá, de una nube-papá y de una nube-Grace. Ese sueño en realidad decía: gracias mujer etérea por haberme dejado dormir en cola esa noche, fui feliz.
Al día siguiente, ya con pañal.

2 mar 2012

Día de quinta

Niñitos jugando felices en su Jump-o-Lene.
Me tocó pasar un verano sin viajes, así es, no tuve la suerte de la Adultita que se fue al Valle de la Luna y al Parque Nacional Talampaya. Con los alertas naranjas que hubo, imagináte, quedé chamuscada como la vieja de Loco por Mary. Toda la ropa estropeada por el ácido transpireico, ensaladas, botellitas de agua, oloretes para elegir, en fin. Después de casi tres meses de cemento, unos amigos me invitaron a su quinta. La alegría que sentí no te la puedo explicar.

Llevé pantalla solar 60 porque estoy más blanca que teta de monja, anteojos Ray Ban de esos que comprás en el kiosco de la esquina de tu casa, unos snacks y dos cervezas.

La quinta estuvo buena, bah, no sé, había como siete niñitos inocentes divirtiéndose, haciendo sus gracias, y claro, casi todos los presentes los festejaban, está bien, hay que ser gentil con los niñitos. Piscina calentita (por suerte controlaban efínteres) y lleno de flota flota y pistolitas de agua. Mis cervezas, las únicas que había, apenas si tomé un trago, en un descuido un niñito se tomó todo mi vaso y después terminó vomitando en las escaleras de la pileta. La madre: Bueno bueno, no pasó nada, ya pasó Toto, cuando quieras tomar algo pedile a mamá que te sirva … (cantando y guiñando el ojo a todos) a tirar a tirar la cerveza hay que tirar. Luego de ese episodio, los otros seis niñitos no quisieron meterse en la piscina (era entendible, el pipi es más soportable), entonces mi amigo infló una piletita y un “jump o lene” (una especie de salta-salta estilo pelotero), parecía muy divertido. Metí un pie … se escuchó un grito: Nooo, soporta hasta 35 kilos. Hacia el final de la tarde divisé una hamaca colorada que colgaba de un árbol, espectacular imagen, allá fui, nadie me pudo frenar, me senté y me balanceé mirando hacia la copa de los árboles, lástima que la segunda vez que fui para atrás escuché a mi amigo que gritó “cuidado” y como si fuera a propósito la hamaca cayó al piso. Es para chicos, ¿no te diste cuenta? 
No Cerveza. No pileta. No Jump-o-Lene. No hamaca. Reposeras, dos; sillas, seis; sillitas infantiles, unas quince. Ma sí, me tiré en el césped y sin querer destrocé un hormiguero de hormigas coloradas. Estos bichos fueron muy crueles.

Adios Jump-o-Lene.
Lumbalgia + 55 picaduras = una semana sin poder moverme = 4 ventas perdidas que hubieran alcanzado para un finde en Mar de Ajó. Al poco tiempo me volvieron a invitar. ¡Si! ¡Quinta otra vez! Vos no hubieras ido, ¿no? ¡Pos yo si! Me atreví a ir a esa quinta enemiga de adultitos como una. Esta vez fui sin cervezas, pero con un alfiler de gancho en el bolsillo de mis bermudas. A pinchar a pinchar, el salta-salta hay que pinchar
….
(Adultita, la justiciera).